-- > Claudia.
Desperté.
Miré confusa alrededor. Algo no cuadraba.
Levanté la vista y miré hacia el cielo, el cual estaba totalmente oscuro. Me llevé la mano al cuello, acariciando la cadena y suspiré, cuando me di cuenta de que no estaba sola.
Allí, justo a mi lado, un niño de unos 14 años me miraba.
-Hola.
-Hm..hola, ¿quién eres? –Le miré.
-Alguien no demasiado importante, la verdad.- Se encogió de hombros.- Te vi ahí tirada y me acerqué, pensé que te pasaba algo.
Negué con la cabeza, dedicándole una pequeña sonrisa.
-No, no.. Estoy bien, creo..
Me quedé mirándole un momento, con el ceño fruncido. Había algo raro en él, quizás sería esa luz tan rara que le rodeaba, de un color azul claro. Miré alrededor, mirando a la poca gente que pasaba. Me fijé que estos también tenían una luz propia, pero de color rojiza.
-¡Eh! – El niño pasaba una mano por delante de mi cara.
Me sobresalté un poco.
-Ah..hm..sí, sí, ¿qué pasa?
-Nada, nada.. –Suspiró.
Le miré. Era un niño muy guapo para su edad. Tenía el pelo algo largo, con el flequillo de lado y por la cara, de un color castaño. Sus ojos también eran marrones. Era de los más normal.
-¿Cómo te llamas?
- Me llamo Corey.- Dijo su nombre con orgullo, con una sonrisa en la cara.- ¿Y tú?
-Yo Claudia, hm, un placer..
Corey no dejaba de sonreir y miró hacia él cielo.
-Vaya, creo que tengo que irme.. Ya nos volveremos a ver.
Me guiñó un ojo y echó a andar, dejándome allí sola.
Alcé las cejas. Que niño más extraño, la verdad..
Suspiré y me levanté del banco, estirándome un poco y mirando alrededor de nuevo. Me encontraba en el parque que había visto antes de.. Sí, eso, justo antes de quedar inconsciente. Me acordaba que lo único que había sentido eran unos brazos sujetarme, pero claro, no sabía quien había evitado que me estampara contra el suelo. ¿Corey? No, imposible. Solo era un niño. No tenía la suficiente fuerza.
Decidí que lo mejor sería olvidarme, punto y aparte y a otro tema.
Empecé a caminar por la calle, con las manos en los bolsillos, observando a la gente que pasaba a mi alrededor, con el ceño fruncido.
¿Qué era esa extraña luz que les rodeaba?
Casi todas eran de un color rojizo, excepto alguna que variaba a verde o azul.
Mi mirada pasaba de una persona a otra, y de vez en cuando, alguna de ellas me devolvía la mirada, fijándola de una manera descarada en mi.
Sabía que ahora necesitaba algún lugar donde establecerme, ya que no podía quedarme un año por la calle..
Cerré los ojos y suspiré, dejando que mis pies me llevaran a su ritmo, lento y sin pausa.
Estuve un tiempo así, dándole vueltas a muchas cosas en mi cabeza hasta que choqué con alguien, haciéndome caer al suelo.
-¡Vaya! ¡Cuánto lo siento! ¡Culpa mía!
Sentí unos brazos tirar de mi hacia arriba, levantarme.
-N-no te preocupes.. No volveré a caminar con los ojos cerrados.
Levanté la vista hacia la chica contra la que había chocado.
-Bueno.. De todas maneras.. Lo siento.. – Se dibujo una pequeña sonrisa en su rostro.- Soy Scarlett, ¿y tú eres..?
-Claudia, me llamo Claudia.
-Un placer Claudia.
Me fijé en ella. Era una chica bajita y morena, con unos grandes ojos verdes que me miraban.
-Y dime,¿ibas a algún sitio?
-Pues la verdad.. no, no tengo a donde ir..- Me encogí de hombros.
Abrió mucho los ojos al oírme. Claro, debía de parecerle raro que una chica como yo no tuviera a donde ir..
-¿Enserio? Vaya.. Yo vivo sola, puedes venir si quieres. – Me dedicó una gran sonrisa.
Vaya, que rápido cogían confianza estos de la Tierra. Aunque bueno, mejor pensado sería mejor estar con alguien que sola vagabundeando por ahí..
-Claro, si no es.. molestia..
-¡Pues claro que no! –Cogió mi mano y me arrastró con ella.
Me dejé llevar por ella, fijándome en la luz que le envolvía a ella. Era de color rosa azul claro, pálido.
Estuvimos un gran rato caminando, aunque yo estaba casi muerta.. Necesitaba tirarme en algún lado a descansar..
Llegamos a una pequeña casita apartada de la ciudad, rodeada de un pequeño bosquecillo.
-¿Vives aquí? Vaya, es precioso..
Mi voz era un susurro mientras observaba todo a mi alrededor.
-Sí, aunque no es gran cosa.. Deberías ver la de mi hermana.
Tiró otra vez de mi, conduciéndome dentro de la casa.
Una vez dentro señaló hacia un pequeño sillón.
-Siéntate, tengo que hacer una llamada, enseguida vengo.
Asentí y me senté, todavía mirando alrededor. Era un salón más bien pequeñito, aunque muy acogedor. Me recosté en el sillón cuando mi mirada se encontró con un espejo. Me levanté y me dirigí hacia el, contemplando mi reflejo.
Genial, menudas pintas..
Pasé las manos por mi pelo, intentando que éste quedara algo decente, pero no era posible, así que deseché la idea y quedé mirándome fijamente cuando Scarlett volvió a entrar en la habitación.
-Y ahora.. cuéntame.. ¿Cuándo has llegado aquí, a la Tierra?
Mi rostro quedó pálido al oírla.
-¿Co-cómo?
Se cruzó de brazos y soltó una carcajada.
-Vamos, no creas que vas a engañarme Claudia.. Tu propia luz lo dice, tu propio aura, un pequeño Ángel, y por lo que veo, recién llegado.
Sus labios se torcieron en una sonrisa.
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