sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo 7.

Capítulo 7.

Maldita sea.
Lo sabía, lo sabía desde un principio. Simplemente me había empeñado en negarlo. En negar que justamente algo de él me atraía, pero a la vez le odiaba.
Lo supe en el instante que sus labios se encontraron con los míos, sincronizándose, moviéndose lento, pero intenso.
Debería haber sido lo suficientemente fuerte para separarme de él, y no seguir así, alargando ese beso que deseaba, pero a la vez quería romper. Pero.. Me había dado cuenta justo en ese preciso momento, que era más débil de lo que imaginaba..
Por eso ni aquella extraña luz, ni la mirada constante de Corey sobre nosotros había sido lo suficientemente fuerte para distraerme.
Solo cuando él se apartó y miró la luz pude reaccionar.
Justamente al ver esa familiar figura tirada en el suelo.
Miré hacia Corey y tendí la mano, esperando que me devolviera lo que me pertenecía. Corey miró a Ryan, el cual asintió, dando permiso para que me la devolviera.
-Disculparme un momento.
La cogí apresuradamente, enganchándomela en el cuello con torpeza y eché a correr hacia la figura.
Sentí la mirada de ellos clavada en mí justo cuando me agachaba sobre su cuerpo, dándole la vuelta.
-¡Steve!
Nada. No reaccionó.
-¡Steve, por favor, reacciona!
Desesperación. Desesperación al verle ahí quieto, sin reaccionar. ¿Que hacía aquí? ¿Y Max?
Ryan y Corey se acercaron a mí cuando oyeron mis gritos.
Sentí los brazos de Ryan sujetarme, su tacto era algo más frío que el de Corey.
-Déjale Claudia, te pasó lo mismo cuando llegaste del Cielo, se le pasará dentro de un momento, aguarda.
Suspiré, dejando que Ryan me incorporara del suelo mientras Corey hablaba. No era capaz de apartar la mirada de Steve, necesitaba hacerle muchas preguntas, las mismas que llevaban desde que había llegado dando vueltas en mi cabeza, sumándole alguna más ahora.
-¿Le conoces?.- Ryan me miraba.
-Sí..sí, es.. Es mi hermano.
Me solté de él y me senté al lado de Steve, mirándole en silencio.
Hace justo unos momentos mi felicidad era extrema en cierta manera, y ahora todo se había apagado.
Seguía dando vueltas al asunto en mi cabeza cuando él movió levemente la cabeza, parpadeando un par de veces.
-Steve..
-Claudia..- Tuve que esforzarme para oír su voz, apenas en un susurro.- Espera.. un momento..
Asentí, mirándole en silencio, observando como se recobraba poco a poco.
Abrí la boca para hablar cuando ya le había visto bien, pero él ya se me había adelantando.
-Hay tiempo de sobra para explicarlo, y tiene que ser a solas, por favor. Dile a tus amigos que se retiren un momento..
-Ryan, Corey, por favor..
Ambos asintieron y se dieron media vuelta, volviendo al lugar donde antes se encontraban.
Le miré, esperando a que hablara.
-Vale Steve, venga, odio el silencio. ¿Qué haces aquí?
- Tengo que hacer unas cosas..
- Vale.. Necesito que me expliques unas cuantas cosas.. Déjame empezar. ¿Qué es la extraña luz que hay alrededor de las personas?
-Esa respuesta es fácil. Es su aura.
-¿Su aura?
- El halo de luz que les rodea. Cada aura de cada ser es distinta. Los humanos la tienen de un color rojizo, que simboliza su sangre, es fácil reconocerlos. Los inmortales la tienen de un color azul claro, aunque hay muchos tipos de inmortales.. Ya sabes, inmortales a secas, sin ningún poder, Ángeles, Demonios, Vampiros, de todo.. Los Ángeles la tienen azul claro, rosa pálido por los bordes, simbolizando la pureza. Los demonios y vampiros la tienen negra, de nuevo simbolizando oscuridad, soledad. Pero, ¿a qué viene esa pregunta?
-Yo..los veo.. Veo su aura.
Observé su expresión, de sorpresa. Al parecer, no debía de ser una cosa demasiado común.
-Pocos seres pueden verlas. A los humanos que las ven se le considera de brujos. A los Ángeles simplemente es un don, como el mío.
Asentí, pensando.
-¿Alguna pregunta más?
-Ahora mismo me has dejado con la mente en blanco..
Soltó una carcajada.
-No te preocupes, te acostumbrarás rápido.
-O si, ya se que otra cosa. ¿Qué cosas has venido a hacer?
-Te mantendré aparte de momento, no necesitas saberlo. Pero.. hay un pequeño inconveniente..
De nuevo, sin saber como, lo supe. No se si sería por la extraña mueca que en su cara se dibujó o por mi preocupación constante hacia aquella persona, ese pequeño lazo que nos unía. Sentí mi corazón pararse. Sentí como el mundo de alrededor dejaba de existir para mi. Solo su imagen seguía presente en mi cabeza.
-Max...
Atisbé por el rabillo del ojo un asentimiento de su cabeza.
-No se donde está.. Ha desaparecido..
De nuevo dejé de respirar, aferrando con fuerza la cadena en mi cuello. Abrí la boca, intentando decir algo, pero no conseguía articular palabra..
-Le dije que tenía que bajar, que no podía dejarle allí solo, que le llevaría con.. papá y mamá.. Se marchó a su habitación y yo a la mía. Cuando salí ya no estaba.. Le busqué por nuestros límites, pero no le he encontrado..
¿Papá y mamá? Conocía lo suficientemente a Max para saber que haría CUALQUIER cosa por no ir con ellos.
Cualquier cosa..
Miré a Steve, tapándome la boca con una mano.
-Sí, yo también lo he pensado..
-Ha..ha..ha podido.. bajar.. aquí..
- Claudia..- Su voz se volvió seria, mirándome.- Sabes las normas, sabes tan bien como yo lo que pasará.. Como ellos se enteren... Lo matarán.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Capítulo 6.

Me levanté de un salto del banco, dándome la vuelta y mirando al niño que se encontraba delante mía.
Éste asintió, con una sonrisa en la cara al ver que me acordaba de su nombre.
-¿Qué haces aquí solo? Es muy tarde.
-No estoy solo, mi hermano está conmigo.
¿Su hermano? No veía a nadie alrededor hasta que me señalo a un punto lejano, aunque la verdad, seguía sin ver absolutamente nada.. De nuevo el pequeño detalle.. Cierto es que somos inmortales y seres superiores a los humanos. Más fuertes, rápidos e inteligentes.. Pero, eso sí. Sólo en el Cielo, en la Tierra no tenían ningún efecto la fuerza ni la rapidez, solo la inteligencia quedaba impresa tanto en el Cielo como en la Tierra. Se hace raro diferenciar a los dos, simplemente como hablando de otros mundos, pero no, no es como dos mundos, simplemente como dimensiones distinas.. Cada uno jugando en su plano. Los humanos en su propio plano material, y sin darse cuenta destruyéndolo. Y nosotros, los Ángeles, habitando otro plano distinto, una dimensión sin límites, y al contrario de ellos, llenandolo de pequeños detalles, enriqueciéndolo, no destruyéndolo.
Una pequeá brisa se levantó, haciendo estremecerme a la vez que Corey cogía mi mano y me arrastraba con él, llevándome donde se encontraba su hermano.
El contacto de sus mano era cálido, lo que desentumeció un poco mi mano helada.
Un chico moreno, de rostro algo pálido y grandes ojos negros estaba recostado contra un árbol, cruzado de brazos y mirándome.
Sentí estremecerme hasta llegar más cerca, justo a donde el se encontraba.
-¿Quién es, Corey?- Su voz tenía un tono grave, y aunque la pregunta iba dirigida a Corey, no apartaba la mirada de mí.
Aparté la mirada hacia Corey, rompiendo el contacto visual.
-Es Claudia, un Ángel.
Abrí mucho los ojos, mirándole.¿Por qué todos sabían lo que YO era? ¿Acaso eran ellos más Ángeles? Su luz no era igual que la de Scarlett, era de un simple color negro.
-¿Un Ángel?- Mientras hablaba fue acercándose hacia mi, quedando su rostro a pocos centímetros del mío.
Retrocedí un poco ante su mirada, ahora clavada en mis ojos.
-Sí Ryan, la conocí ayer, y aléjate, la estás asustando.
Ryan rió y volvió a recostarse contra el árbol.
Entreabrí un poco los labios, queriendo decir algo, cualquier cosa.. Pero la verdad, no se me ocurría nada..
-Dime, ¿cuántos años tienes, Claudia?
-19.
-Y.. ¿qué haces por aquí?¿No tienes familia allá arriba?
Me quedé mirándole, sin saber que responder. No quería dar detalles de mi vida a ese extraño. Parecía que se podía confiar en él, pero claro.. Las apariencias no son lo que parecen, me habían dicho mucha veces..
-Mi vida no es asunto tuyo.
-O puede que sí, quien sabe..
-¿Cómo? Explícame eso.
Se acercó de nuevo a mí, pero esta vez se colocó detrás, apartándome el pelo y colocandolo a un lado de mi rostro.
-Todo a su tiempo, preciosa. - Susurró en mi oído, haciéndome estremecer.
-Ryan, déjalo ya.
Corey dió un pequeño apretón a mi mano, la cual no había soltado ni un solo instante. Sonreí un poco, su contacto me agradaba, y era como una presión sentir a Ryan tar cerca, demasiado cerca..
Ryan desvió la mirada hacia nuestras manos, sin dejar de sonreir.
-Oh..el pequeño Corey se nos ha enamorado.
Sentí a Corey ponerse rígido.
-No, no me he enamorado. Y si lo estuviera.. Creeme, serías el último en enterarte.
Miré hacia Corey y le dediqué una pequeña sonrisa.
- Se muestra interesado, será que está celoso.
Le guiñé un ojo y le hice reir suave.
- ¿Celoso yo? Que poco me conoceis.. Todo lo que quiero lo tengo, solo con chasquear los dedos.
-Entonces.. ¿por qué no te separas de ella, Ryan?
-¿Acaso hay alguien que me obligue a hacerlo?
-Sí, yo.- Carraspeé, llamando de nuevo la atención.
Corey rió levemente y Ryan se apartó un poco.
-Me apartaré porque yo quiero, no porque tú me lo obligues.
Sonreí. Era gracioso verle. Se le notaba algo tenso, pero a la vez disfrutando de la escena. Miraba el reloj a cada rato, como si estuviera esperando algo.
Volví a sentir su mirada clavada en mí, pero de manera distina, como si estuviera comprobando que..todo iba bien en mi. Me llevé una mano al cuello inconscientemente, asegurando que la cadena seguía en su sitio. Toqué mi cuello con los dedos por todas partes, buscandola, empezando a ponerme nerviosa cuando un pequeño destello llamó mi atención.
Miré la cadena entre los dedos de Ryan.
-Devuélvemela, ahora.
Corey volvió a ponerse rígido al oir el tono de mi voz, demasiado frío.
-Hm.. ¿Qué me das a cambio?
-Nada. No voy a darte nada por algo que me pertenece.
Chasqueó la lengua, dándole vueltas entre sus dedos y mirándome.
Si los nervios no me hubiesen fallado en ese momento y hubiese sido capaz de pensar, me habría dado cuenta de que sólo lo hacía para provocarme y llamar mi atención, sabiendo de sobra, y no se como, que mataría por esa cadena.
-La encontré en el suelo, por lo cual, ahora es mia.
-Sigue siendo mía.
Solté la mano de Corey y la extendí hacia Ryan, reclamando lo que era mío.
-Quiero algo a cambio de ella.
Respiré hondo, cerrando los ojos.
-Está bien, ¿qué quieres?
-Vamos a veer.. -Se llevó un dedo a la barbilla, tomándose todo el tiempo del mundo.- Quiero.. hm.. dinero no, tengo suficiente.. Material, tampoco..Quiero, quiero.. Oh, ya se. Quiero un beso.
Le miré, alzando las cejas.
-¿Qué te crees que soy?
-No voy a responder a eso, simplemente quiero un beso, y si no.. Bueno, me quedaré la cadena, al fin y al cabo, a tu novio no le importara, ¿verdad?
-No es mi nov..
-Calla, no me cambies de tema. O lo aceptas, o yo me quedo con ella, no es tan difícil.
-Dame primero la cadena.
-Já, va a ser que no. Haremos una cosa.
Se acercó a Corey y metió la cadena en su bolsillo.
-Te voy a decir una cosa enano, dar se la das ahora mismo y te juro, que no volverás a pisar este parque, ni nada en tu vida.
Corey se estremeció y asintió, sabiendo que si me la daba esa amenaza sería cumplida.
- Entonces..¿qué me dices?
-Acabemos con esto de una vez..
Me acerqué a él despacio, mientras éste me tomaba de la cintura y me acercaba a él. Suspiré levemente y cerré los ojos, dejándome atraer por él.
Una luz intensa alumbró el pequeño parque justo cuando sus labios se encontraron con los míos, rozándose.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Capítulo 5.

--> Claudia.

-¿Perdona?
-Vaaaaamos.. No te hagas la tonta, sabes tan bien como yo lo que eres.
-Está bien.. Suponiendo que yo fuera un "Ángel", ¿tú como lo sabrías?
Soltó una carcajada al oír mis palabras.
-Veamos.. -Se acercó a mi mientras hablaba. - Digamos que estás rodeada de una luz.. Una luz azul clara por el centro, rosa pálido por los bordes. Y tus ojos.. -Clavó la mirada en mi.- Todavía no se han vuelto todo lo azules que podrían, siguen siendo demasiado oscuros..
-¿Qué sabes de nosotros?
-Todo.
-¿Por qué?
-Porque soy como tú.

--> Max.

Supongo que todavía no podía decir que me iba acostumbrando a su ausencia.. Pero bueno, sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo.
Me pasaba la mayor parte del tiempo sin hacer nada.. Mirando los angelitos y su carta, enfin, todo recuerdo de ella.
Esa tarde, como de costumbre, estaba en el jardín escuchando todo sonido a mi alrededor, sin hacer nada.
-Max, ¿podemos hablar?
No me había percatado de su presencia hasta que había hablado.
-Claro, empieza.
-Quizás baje a la Tierra.
-¿Por qué? ¿Ha pasado algo? ¿Está bien ella?. -Me alarmé demasiado.
-No ha pasado nada, tranquilízate. Simplemente tengo que bajar a hacer unas..-Frunció el ceño.- Cosas.
Estudié su expresión, desechando la idea de preguntarle que cosas.
-Y bueno.. Supongo ue no me dejarás quedarme aquí solo..¿Verdad?
-Ese es el caso.. Te.. Te voy a llevar con nuestros padres..
-¡¿Qué?!¡Ni hablar! -Mis ojos se abrieron lo máximo posible.
Nuestros padres.. Los que nos habían dejado al cargo de Steve, sin ayuda alguna, como si no les importaramos, aunque bueno, así era..Porque claro, el reinado del Cielo era más importante que nosotros, que lo único que haríamos con ello sería molestarles.
Sí, eran los "Reyes" del cielo, los que se encargaban de todo.
-No voy a dejarte aquí solo.
-¡Prefiero estarlo!
-No.
-Bajaré contigo.
-Sabes que no puedes.
-¿Cómo lo sabes?
-Las leyes lo dicen.
-¿Las leyes?¡Me importan una mierda las leyes!
Suspiré, intentando calmarme.
-¿Cuándo piensas bajar?
-Mañana cuando te despiertes ya no estaré.
-De acuerdo, la conversación ha terminado.
Dicho esto me di media vuelta y eché a andar tranquilimante hacia el interior de la casa.
No pensaba ir con ellos, me negaba.¿Por qué iban a estar pendientes de mi cuando NUNCA se habían preocupado los más mínimo? Y aunque lo estuvieran, eso no iba a cambiar las cosas.
Aunque quedaba una opción..
En realidad, sólo las leyes decían que los menores de 19 no podíamos bajar a la Tierra. Era una prohibición, pero no negaba que no se pudiera, que fuera imposible hacerlo.
Eché a correr hacia mi habitación, reuniendo todas mis pequeñas pertenencias en una bolsa. Sentí los pasos de Steve entrar en su habitación, el momento que yo aproveché para escabullirme de allí.
Salí a un ritmo rápido, evitando hacer todo ruido posible. Afortunadamente Steve no salió de su habitación, lo que me permitió desplazarme hasta los Límites del Cielo.

--> Claudia.

El reloj de una farmacia marcaba las 22:30.
Me encontraba paseando por el parque donde había aparecido al bajar.
¿Scarlett un Ángel? Se supone que todos los Ángeles nos conociamos, en cierta manera. Nuestas mentes estaban compuestas como por miles de estrellas, unidas por un lazo muy fino, aunque incapaz de romperse.Cada vez que un Ángel dejaba de existir, la estrellas que le pertenecía se apagaba, desapareciendo al instante.
Me senté en un banco, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida, cuando alguien tocó mi hombro desde atrás, suave.
-¿Claudia?

sábado, 12 de diciembre de 2009

Capítulo 4.

-- > Claudia.

Desperté.
Miré confusa alrededor. Algo no cuadraba.
Levanté la vista y miré hacia el cielo, el cual estaba totalmente oscuro. Me llevé la mano al cuello, acariciando la cadena y suspiré, cuando me di cuenta de que no estaba sola.
Allí, justo a mi lado, un niño de unos 14 años me miraba.
-Hola.
-Hm..hola, ¿quién eres? –Le miré.
-Alguien no demasiado importante, la verdad.- Se encogió de hombros.- Te vi ahí tirada y me acerqué, pensé que te pasaba algo.
Negué con la cabeza, dedicándole una pequeña sonrisa.
-No, no.. Estoy bien, creo..
Me quedé mirándole un momento, con el ceño fruncido. Había algo raro en él, quizás sería esa luz tan rara que le rodeaba, de un color azul claro. Miré alrededor, mirando a la poca gente que pasaba. Me fijé que estos también tenían una luz propia, pero de color rojiza.
-¡Eh! – El niño pasaba una mano por delante de mi cara.
Me sobresalté un poco.
-Ah..hm..sí, sí, ¿qué pasa?
-Nada, nada.. –Suspiró.
Le miré. Era un niño muy guapo para su edad. Tenía el pelo algo largo, con el flequillo de lado y por la cara, de un color castaño. Sus ojos también eran marrones. Era de los más normal.
-¿Cómo te llamas?
- Me llamo Corey.- Dijo su nombre con orgullo, con una sonrisa en la cara.- ¿Y tú?
-Yo Claudia, hm, un placer..
Corey no dejaba de sonreir y miró hacia él cielo.
-Vaya, creo que tengo que irme.. Ya nos volveremos a ver.
Me guiñó un ojo y echó a andar, dejándome allí sola.
Alcé las cejas. Que niño más extraño, la verdad..
Suspiré y me levanté del banco, estirándome un poco y mirando alrededor de nuevo. Me encontraba en el parque que había visto antes de.. Sí, eso, justo antes de quedar inconsciente. Me acordaba que lo único que había sentido eran unos brazos sujetarme, pero claro, no sabía quien había evitado que me estampara contra el suelo. ¿Corey? No, imposible. Solo era un niño. No tenía la suficiente fuerza.
Decidí que lo mejor sería olvidarme, punto y aparte y a otro tema.
Empecé a caminar por la calle, con las manos en los bolsillos, observando a la gente que pasaba a mi alrededor, con el ceño fruncido.
¿Qué era esa extraña luz que les rodeaba?
Casi todas eran de un color rojizo, excepto alguna que variaba a verde o azul.
Mi mirada pasaba de una persona a otra, y de vez en cuando, alguna de ellas me devolvía la mirada, fijándola de una manera descarada en mi.
Sabía que ahora necesitaba algún lugar donde establecerme, ya que no podía quedarme un año por la calle..
Cerré los ojos y suspiré, dejando que mis pies me llevaran a su ritmo, lento y sin pausa.
Estuve un tiempo así, dándole vueltas a muchas cosas en mi cabeza hasta que choqué con alguien, haciéndome caer al suelo.
-¡Vaya! ¡Cuánto lo siento! ¡Culpa mía!
Sentí unos brazos tirar de mi hacia arriba, levantarme.
-N-no te preocupes.. No volveré a caminar con los ojos cerrados.
Levanté la vista hacia la chica contra la que había chocado.
-Bueno.. De todas maneras.. Lo siento.. – Se dibujo una pequeña sonrisa en su rostro.- Soy Scarlett, ¿y tú eres..?
-Claudia, me llamo Claudia.
-Un placer Claudia.
Me fijé en ella. Era una chica bajita y morena, con unos grandes ojos verdes que me miraban.
-Y dime,¿ibas a algún sitio?
-Pues la verdad.. no, no tengo a donde ir..- Me encogí de hombros.
Abrió mucho los ojos al oírme. Claro, debía de parecerle raro que una chica como yo no tuviera a donde ir..
-¿Enserio? Vaya.. Yo vivo sola, puedes venir si quieres. – Me dedicó una gran sonrisa.
Vaya, que rápido cogían confianza estos de la Tierra. Aunque bueno, mejor pensado sería mejor estar con alguien que sola vagabundeando por ahí..
-Claro, si no es.. molestia..
-¡Pues claro que no! –Cogió mi mano y me arrastró con ella.
Me dejé llevar por ella, fijándome en la luz que le envolvía a ella. Era de color rosa azul claro, pálido.
Estuvimos un gran rato caminando, aunque yo estaba casi muerta.. Necesitaba tirarme en algún lado a descansar..
Llegamos a una pequeña casita apartada de la ciudad, rodeada de un pequeño bosquecillo.
-¿Vives aquí? Vaya, es precioso..
Mi voz era un susurro mientras observaba todo a mi alrededor.
-Sí, aunque no es gran cosa.. Deberías ver la de mi hermana.
Tiró otra vez de mi, conduciéndome dentro de la casa.
Una vez dentro señaló hacia un pequeño sillón.
-Siéntate, tengo que hacer una llamada, enseguida vengo.
Asentí y me senté, todavía mirando alrededor. Era un salón más bien pequeñito, aunque muy acogedor. Me recosté en el sillón cuando mi mirada se encontró con un espejo. Me levanté y me dirigí hacia el, contemplando mi reflejo.
Genial, menudas pintas..
Pasé las manos por mi pelo, intentando que éste quedara algo decente, pero no era posible, así que deseché la idea y quedé mirándome fijamente cuando Scarlett volvió a entrar en la habitación.
-Y ahora.. cuéntame.. ¿Cuándo has llegado aquí, a la Tierra?
Mi rostro quedó pálido al oírla.
-¿Co-cómo?
Se cruzó de brazos y soltó una carcajada.
-Vamos, no creas que vas a engañarme Claudia.. Tu propia luz lo dice, tu propio aura, un pequeño Ángel, y por lo que veo, recién llegado.
Sus labios se torcieron en una sonrisa.

Capítulo 3.

~ > Max.

La observé un momento mientras desaparecía corriendo.
Me quedé quieto, con la mirada perdida y la mandíbula apretada.
Sentí unas palmaditas en la espalda.
-Vamos Max, no te preocupes, es 1 años nada más, pasará rápido.
-Ya.. 1 año.. Rápido..
Suspiré y me alejé de allí. Eché a andar hacia la casa, sumido en mis pensamientos..
1 año.. Realmente era mucho, aunque Steve dijera lo contrario.. Un año sin ver a la que había sido y será siendo siempre mi mayor apoyo, alguien esencial. Dolía pensarlo, la verdad..
Seguí caminando por toda la casa, sin rumbo fijo, hasta que sin darme cuenta, acabé delante de su habitación.
Entré, cerrando la puerta tras de mi.
Me senté en su cama, todavía con la mirada observando cada pequeño detalle de su habitación.
Mi mirada se detuvo en el espejo.
Me levanté y caminé hacia él, observando una pequeña notita con una flecha señalando a la derecha. Miré en esa dirección, en la cual se encontraba un tocador. Me acerqué a él y me senté en la pequeña sillita. Sin apartar la vista de dos pequeños angelitos de diamante y rubíes de él tamaño de unas manos, más o menos, que sujetaban un sobre. Alargué una mano temblorosa hacia él y lo abrí, algo torpe.
Reconocí enseguida su hermosa caligrafía:

Max:

“Cuando leas esto significa que ya no estaré allí, contigo.. Es duro escribir esto, la verdad, pero te prometí un regalo, y no se me ocurrió mejor cosa que esto..
Estos dos pequeños angelitos simbolizan.. Bueno, a nosotros, sí.. Lo que tú mismo me dijiste, ¿recuerdas? Para que te acuerdes de mi cada vez que los veas, y recuerdes también todos los momentos.
Ya verás.. Un año pasa volando, eso espero, porque sé que se me va a hacer raro estar en un sitio donde no pueda estar contigo..
Simplemente quiero decirte un par de cosas.. Aunque creo que ya las sabes..
Que te quiero.. Lo sabes.. ¿Verdad? Sabes que eres como una parte de mi, algo necesario en mí.
Cualquiera que lea esto no se lo que pensará.. Pero bueno, que piensen lo que quieran, solo tú comprendes lo que siento, ya que tú sientes lo mismo.
¿Cómo dijo Steve? : Parece que un lazo os une, un lazo fuerte, incapaz de romperse.
Le doy la razón, porque ni este año conseguirá que me olvide de ti. Lo juro.”

Te quiero, mi pequeño.

Claudia.

Pestañeé un par de veces, volviendo a dejar el sobre sujeto por los angelitos y me tapé la cara con las manos mientras una lágrimas caía por mejilla.
Eso lo confirmaba todo.
Ella se había ido de verdad.
Nadie me engañaba.
Un año era demasiado tiempo...
...demasiado.

~> Claudia.

Me llevé una mano al cuello, aferrando la cadena y respirando entrecortadamente.
No me gustaba la sensación de vacío que se sentía al bajar a la Tierra.. No me gustaba nada.
Exactamente te sentías vacía.. Carente de sentimientos, sin nada a lo que aferrarte, sólo con la oscuridad a tu alrededor, como si te quitarán la vista por un instante.
Lentamente fui respirando con más calma y miré alrededor. Me encontraba de pie en un gran claro, rodeada de pequeños arbolitos y ningún ruido excepto el cantar de los pájaros.
Eché a caminar pesadamente, el “viaje” me había dejado agotada. Tenía que parar a recobrar la respiración muy a menudo, apoyándome en el primero árbol que encontraba.
Miré al frente y distinguí un parque no muy a lo lejos. Intenté dar un paso hacia delante, pero mis rodillas cedieron y me vine a abajo.
Una única idea vino a mi cabeza antes de perder la conciencia.
Supe que no había llegado a caer, que un par de brazos habían echo que no me estrellara contra el suelo.

Capítulo 2.

11 años desde aquella simple y a la vez... complicada promesa.

Cerré los ojos, respirando hondo y me quedé muy quieta, escuchando todo sonido de mi alrededor. Mi mente seguía coneztada con el exterior, pero a la vez perdida en mis propios pensamientos.
Sí, mi cuerpo había cambiado a un cuerpo de una chica de unos 19 años. Cuerpo y rostro perfecto, hermoso, eso me decían, pero, la verdad, a mi mi belleza me era indiferente.
Abrí los ojos y salí de la habitación, a paso lento. Me recorrí toda la casa, quedándome con todo detalle de cada habitación. Mis pies me acabaron dirigiendo hacia el jardín, donde distinguí a Max echado sobre un banco.
-¿Max?
Éste abrió los ojos y giró la cabeza hacia mi.
Me quedé mirándole un momento. Había cambiado. Su rostro se había endurecido y su pelo rubio, antes corto, le caía en flequillo sobre los ojos.
Se incorporó un poco al verme, dejándome un sitio en el banco.
-¿Qué haces aquí? - Mi voz sonó como un susurro al sentarme a su lado, mientras el apoyaba su cabeza sobre mi regazo.
-Hm.. pensar.- Se encogió de hombros, cerrando los ojos.
Suspiré mientras mis manos rozaban su pelo, acariciándolo.
Iba a ser más duro de lo que pensaba separarme de él, sobre todo ahora, cuando nuestra relación todavía se había intensificado más con los años pasados.
Ya me habían dicho que pareciamos algo más que hermanos, una pareja. Pero bueno, ellos creían saber demasiado, simplemente, no lo entendían. Mi relación con Max era muy fuerte. Era como si él tuviese una parte de mi, como mi propio aire que respirar.
-¿Cuándo bajarás allí? - Su voz interrumpió mis pensamientos.
-Esta tarde, supongo..
-¿Te acuerdas de lo que nos prometimos hace unos años?
Asentí, despacio.
-Que no nos separaríamos.. Pero tengo que ir..
Mientras hablaba se fue incorporando y levantándose, para volver a quedar de rodillas delante mia.
-En ese caso..
Llevó las manos hasta su cuello,quitándose una pequeña cadena.Me quedé mirándole cuando extendió su mano hacia mi, entregándomelo.
-Esto es para que NUNCA te olvides de mi, aunque estemos separados. Para que cuando lo veas pienses en mi, y en todos los momentos juntos.- Sonrío un poco y tocó mi nariz suave con su dedo.
-Oh, Max..
Me aparté el pelo, sujetándolo mientras sus manos colocaban la cadena en mi cuello.
Los dos nos levantamos, uniéndonos en un abrazo.
-Yo no tengo nada que darte ahora mismo.. Pero antes de que me vaya, lo tendrás.
Asintió en silencio, mientras los dos nos quedabamos así allí, abrazados.

* * *

Odiaba las despedidas, ya que muchas veces significaban el final de algo para siempre..
En este caso no era para siempre, pero si una temporada demasiado dura..
- No me gusta nada que bajes sola.. -Steve suspiró y me besó en la mejilla.- Ten cuidado, ¿vale? Cualquier cosa que necesites sabes lo que tienes que hacer.
Asentí. Claro que lo sabía. Sólo necesitaba mucha concentración para poder contactar con él, ya que él estaría siempre pendiente de mi.
-Si puedo comunicarme contigo así.. ¿Por qué no con Max?
-Porque él no tiene la capacidad que yo tengo.. Soy el único que la tengo, y de momento, es buena.
-Un año es demasiado tiempo.. - Susurré.
Steve me miró y suspiró.
-Si bajas ahora deberás estar un año allí, la ley lo dice, lo sabes.
-Sí, sí, lo sé..
Le di un último pequeño abrazo y me dirigí a Max. Éste estaba de brazos cruzados, con la cabeza bajada. Puse una mano bajo su barbilla y le levanté la cara con cuidado, dedicándole una pequeña sonrisa.
-Eh, nada de llorar, ¿vale?
Apoyó su frente contra la mia y cojió mi mano, poniéndola sobre su corazón.
- Te echaré de menos. Recuerdame, ¿vale?
-Lo haré, no lo dudes -Le besé la mejilla y suspiré- Cuídate mucho, pequeño.
-Y tú también, ten cuidado.
Asentí y me separé de ellos dos.
-Os quiero.
Me dí la vuelta, evitando mirarles y eché a correr.
Estuve corriendo sin parar hasta justo los límites desde el cielo.
Sí, el cielo tenía límites.
Cerré los ojos y me concentré.
Estuve un rato así, quieta, sin moverme.
Justo cuando me iba a rendir pasó.
Suelo extraño sobre mis pies.
Una sensación de ahogo a la que me acostumbré en unos minutos.
Sí, definitivamente ya no estaba en el cielo.

viernes, 11 de diciembre de 2009


Arrojé los libros por la ventana, uno a uno.
¿Siempre finales felices? Já.No era justo.
¿Acaso no existe un momento de la vida en que todo se desmorona? ¿Qué lo único que deseas es desaparecer para todo el mundo? Oh, seguro que sí.
Siempre ganan los buenos.¿Por qué no los malos?
Cojí otro libro y lo arrojé por la ventana. Se escuchó un gran estruendo.Cristales rotos,adiviné.
Sentí unos pasos por el pasillo.
- Oh,oh..Claudia, nos la cargamos..
Antes de darme tiempo a responder, alguien entró en la habitación.
-¡Pero que habeis echo!
-Mira,hemos echo esto.
Cojí otro libro y volví a tirarlo por la ventana, rompiendo otro cristal.Me disponía a cojer otro,pero antes de que pudiera, unos brazos me levantaron en el aire y me dejaron sentada en la cama.
Le miré. Steve, mi hermano mayor estaba cruzado de brazos, mirándome.
-¿Qué te dije la semana pasada, Claudia?
-Que no tirara cosas por la ventana..
-¿Entonces?
Me levanté y me dirigí hacia el espejo, fijando la vista en la niña que yo era y que el reflejo me mostraba.
-¿Cuánto tardarán en cambiar? - Señalé hacia mis ojos,dejando a un lado el tema.
-El tiempo que sea necesario,unos cuantos años más.
Suspiré. Estaba aburrida ya de mi cuerpo de 8 años.
-Mi mente crece más rápido que mi cuerpo. Tengo mentalidad de adulta ya, pero mi cuerpo crece a un ritmo más lento.
-Así es y será siempre en nuestro mundo. - Se acercó a mi y posó suavemente sus manos sobre mi cabeza,desde atrás.Observé nuestra imagen en el espejo.Él, un chico alto, con cuerpo de unos 19 años y una mentalidad como la mia,muy desarrollada.Tenía el pelo rubio, liso y corto, y unos grandes ojos azules oscuros que me observaban en ese momento.Sabía lo que el veía.Una pequeña niña de 8 años muy parecida a él, con un cabello rubio largo,que caía sobre sus hombros en pequeños tirabuzones, pero con una diferencia muy notable.Mis ojos eran negros, no azules como los suyos.- La capacidad mental siempre "crece" mas rápido en nosotros.El cuerpo también crece,pero a su ritmo, como el de los humanos,pero eso ya te lo he explicado muchas veces. Ahora explícame que hacias tirando los libros por la ventana.
Mi giré hacia él y le hice agacharse para poner mis manos en sus mejillas.
-Estoy cansada de estar aquí todo el tiempo, leyendo todos esos absurdos libros.Quiero bajar allí, conocer el mundo de los humanos.El cielo ya me aburre.
-El cielo es como tu desees pequeña.Fíjate en esta casa.Tú misma la has deseado,y eso ha echo que se cree como tú quieras.
Me quedé mirándole un momento, recordando lo que me habían explicado sobre el cielo, nuestro hogar.
Nuestro cielo era tal y como deseabamos e imaginabamos.Yo había deseado la enorme casa donde vivíamos,con un suelo que pisas, y , desde luego, unos cristales que romper.
-¿Podré bajar cuando mi cuerpo se congelé y mis ojos se tornen azules?
También me habían explicado que creciamos hasta cierto punto.Una mente muy desarollada y un cuerpo de unos 19 o 20 años de edad. Ahí nos convertiriamos definitivamente en lo que somos.
Ángeles inmortales.
-Claro, cuando eso pase yo mismo te acompañaré.
Negué con la cabeza y me separe de él,colocándome al lado de mi otro hermano pequeño,el cual habiamos dejado casi olvidado con nuestra conversación.
Tomé suavemente la mano de Max, mi hermano pequeño.
-Quiero que Max venga conmigo.
-Él no podrá, será más pequeño que tú.
- Quedó con la mirada perdida un momento y luego nos miró.
- Debo irme,luego vendré y hablaremos. Mas os vale portaros bien.
Respondimos con un asentimiento cuando él salía por la puerta.
Max y yo nos miramos.
-Prométeme que cuando vayas con los humanos no te olvidarás de mi.
Nuestra relación era genial. Necesitaba a mi hermanito conmigo, siempre.
-No lo prometo, lo juro.
Sonrió.
-Nada ni nadie conseguirá separarnos, Max.
-Te quiero, Claudia -Sonrió.
-Y yo,Max.
Le devolví una pequeña sonrisa, aunque mis pensamientos estaban pensando que eso pudiera ser realidad, y no una simple promesa que se rompe con facilidad...